Las
atrocidades registradas en Iguala muestran cuán lejos está México de ser un
país de leyes y cómo el combate a la impunidad es tan necesario como las
reformas económicas para la modernización del país. Las dos brutalidades [los
escándalos sangrientos de las últimas semanas] parecen suficientemente serias
como para cambiar el curso de estos dos años de gobierno del Presidente Enrique
Peña Nieto. Peña ha dado prioridad a la reforma económica y le ha restado
importancia a la ley y al orden como forma de modernizar México, sin admitir
que ambas son igualmente importantes.
El
presidente Peña Nieto creyó que bastarían las reformas económicas para dejar
atrás al México bárbaro. Obviamente no ha sido así, entre otras cosas porque el
México bárbaro es el que trajo de regreso al PRI a Los Pinos y, para su
desgracia, también el que podría sacarlo.